En términos sencillos, la lumbalgia crónica es un dolor que afecta la región lumbar y dura más de tres meses. Sin embargo, la lumbalgia crónica no es simplemente un dolor lumbar agudo (reciente) que no se ha resuelto. Más bien, suele reflejar la superposición de dos o incluso tres mecanismos de dolor distintos, cada uno de los cuales puede requerir tratamiento para lograr un resultado óptimo: el dolor nociceptivo, el neuropático, y el nociplástico.
La lumbalgia nociceptiva surge de una lesión o irritación de tejidos no neurales, como músculos, ligamentos, tendones, y articulaciones. Este tipo de dolor suele ser localizado y puede sentirse como un dolor sordo, punzante, o agudo con el movimiento o en ciertas posiciones. Durante una exploración física, un médico quiropráctico a menudo puede reproducir los síntomas mediante la palpación o con movimientos específicos. El término “lumbalgia inespecífica” se utiliza comúnmente para describir el dolor de naturaleza predominantemente nociceptiva.
La lumbalgia neuropática es causada por un daño o enfermedad que afecta al propio sistema nervioso. En el contexto de la lumbalgia crónica, esta suele asociarse con una hernia discal que comprime una raíz nerviosa, cambios degenerativos (como la artritis) que estrechan los espacios por donde pasan los nervios o una lesión nerviosa posquirúrgica. Este tipo de dolor se describe comúnmente como ardiente, punzante, o eléctrico, y a menudo se irradia a lo largo del nervio afectado. Los pacientes también pueden experimentar síntomas neurológicos no dolorosos, como entumecimiento, hormigueo, debilidad, o alteración de los reflejos.
La lumbalgia nociplásica suele desarrollarse con el tiempo como respuesta a una lesión o episodio de dolor inicial. Este dolor se caracteriza por una alteración del procesamiento del dolor en el sistema nervioso y suele asociarse con patrones de dolor generalizados o cambiantes, mayor intensidad del dolor, y un aumento de la sensibilidad al tacto o al movimiento. Los pacientes con lumbalgia nociplásica pueden restringir sus movimientos y las actividades diarias por miedo a empeorar su condición (kinesiofobia), describir el dolor de forma exagerada o angustiante, se sienten mal preparados para manejar sus síntomas y suelen referir problemas de sueño y alto nivel de estrés. Las afecciones coexistentes, como los dolores de cabeza, el síndrome del intestino irritable o la fibromialgia, también son más frecuentes en esta población.
Dado que la lumbalgia crónica suele incluir una combinación de componentes nociceptivos, neuropáticos y nociplásticos, los enfoques terapéuticos deben ser individualizados. Un plan de atención multimodal puede incluir terapias manuales, ejercicios específicos, modalidades físicas, y estrategias antiinflamatorias destinadas a restaurar el movimiento y la función normales de los nervios, articulaciones, músculos, tendones, y ligamentos afectados. Además, los quiroprácticos pueden emplear la educación sobre el dolor y la exposición gradual a actividades para abordar los factores nociplásticos y ayudar a los pacientes a recuperar la confianza en el movimiento. Cuando sea apropiado, también puede estar indicada su remisión a un médico o especialista—todo con el objetivo de ayudar al paciente a volver a sus actividades cotidianas de la manera más segura y sin dolor posible.

